Herpes nasal: causas y tratamientos para la nariz
Como su nombre indica, el herpes nasal, también llamado herpes narinal, se localiza en la nariz. A menudo se desarrolla en la parte interna de la fosa nasal, en el ala de la nariz o alrededor de la nariz, según el caso. El virus simplex HSV-1 es el responsable de esta afección, que afecta tanto a niños como a adultos.
El herpes nasal es infeccioso, contagioso y recurrente. Cada recurrencia se caracteriza por la formación de lesiones dolorosas y supurantes. Estas ulceraciones se atenúan y desaparecen al cabo de unos días sin dejar rastro.
El herpes nasal no debe asustar, ya que en la mayoría de los casos la infección no es grave. Sin embargo, resulta especialmente molesto y doloroso debido a su localización. Si se trata de herpes nasolabial, la infección afecta además a los labios o la boca.

Síntomas del herpes nasal
El herpes en la nariz se manifiesta de forma gradual. Comienza con signos precursores similares a un hormigueo o picazón en la fosa nasal. A veces se observa una inflamación de los ganglios. Aparecen rojeces que dan paso a pequeños granos. Estas vesículas contienen un líquido claro que comienza a supurar tras romperse las ampollas.
A continuación, las lesiones se cubren de una costra. Este proceso natural es señal de cicatrización y anuncia el final del episodio herpético. Sin embargo, en determinadas condiciones, el herpes en la nariz puede tardar varias semanas en curarse por completo. El interior de la nariz está sujeto a un flujo regular de secreciones.
También es allí donde se produce la circulación del aire. Este entorno cálido y húmedo retrasa la cicatrización. Además, un resfriado o una gripe que obliguen a sonarse la nariz pueden complicar una curación rápida.
Las causas del herpes nasal
El herpes nasal es consecuencia de una infección por el virus simplex HSV-1. El mecanismo de transmisión varía según las personas.
La nariz puede haber estado en contacto directo con el líquido infeccioso de un herpes situado, por ejemplo, en los labios, o con cualquier otra secreción contaminada (saliva, lágrimas, etc.). De hecho, el riesgo de autocontaminación es elevado cuando la persona ya presenta herpes en otra zona del cuerpo.
Si tocan una lesión infecciosa, los dedos de la mano también pueden transportar fácilmente el virus y contaminar la nariz. Para prevenir la autoinoculación, es fundamental respetar una higiene estricta lavándose las manos con jabón siempre que sea necesario.
Al igual que con cualquier episodio herpético, las causas que desencadenan el herpes nasal son diversas. Por ejemplo, el estrés, el cansancio, la ansiedad, la exposición al sol o al frío, una enfermedad o la menstruación… Hay que recordar que el contagio alcanza su punto álgido cuando se produce un brote. Por el contrario, es muy bajo cuando el virus está inactivo.

El tratamiento del herpes nasal
El herpes nasal no es agradable, pero tener en cuenta los factores desencadenantes en la vida cotidiana suele ayudar a evitar los brotes. Del mismo modo, los medicamentos preventivos y la homeopatía contribuyen a mantener el virus inactivo.
No obstante, si aparecen los primeros síntomas y se detectan a tiempo, un remedio adecuado puede acortar la duración del brote herpético. Y si el herpes nasal ya se ha instalado, puede ser útil una prescripción médica basada en la toma de antivirales. En general, un tratamiento curativo (activir) permite combatir el virus y tratar eficazmente la patología.
Por último, se recomienda especialmente consultar a un médico en el caso de mujeres embarazadas o personas con el sistema inmunitario debilitado. En estos casos, el herpes nasal presenta un riesgo que no debe descuidarse. Por lo tanto, la medicación debe adaptarse en consecuencia.



